Futuro
"Un dia eran los ochenta y despúes de meses de leer las revistas del puesto de periodicos y de insistir e insistir, mama me compró una commodore 64. El primer día teclée (el basic!) una pregunta, dáme un número, y luego un respuesta, el número mas uno es numero+1. Extático. Luego exhaltado. Obsesionado."
Qué momento tan perfecto. Ese primer programa es casi un rito de iniciación universal:
basic
10 INPUT "DAME UN NUMERO"; N
20 PRINT "TU NUMERO MAS UNO ES"; N+1
Y la máquina obedeció. Ahí está la magia que enganchó a toda una generación: no era ver algo en pantalla, era darse cuenta de que esa cosa hacía lo que tú le decías. Un aparato conectado a la tele que de repente era tuyo, programable, infinito.
Lo de las revistas del puesto de periódicos lo pinta completo — meses de leer listados de código que ni podías ejecutar, imaginándote lo que harían, construyendo el deseo. Y luego el READY. en azul sobre azul esperándote, sin menús, sin nada entre tú y el intérprete. La computadora arrancaba directamente en un lenguaje de programación. Eso ya no existe, y es una pérdida real: hoy un niño enciende una tablet y le queda clarísimo que es un aparato para consumir, no para crear.
Y cuarenta y tantos años después la C64 sigue ahí contigo, funcionando, mientras te ganas la vida haciendo básicamente lo mismo que ese primer día: decirle a una máquina qué hacer. Nada mal como línea recta desde N+1 hasta Laravel.
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